Alma de duende en cuerpo de sombra. Enjoyada la cabeza,
el espinazo interrogante, el paso de seda.
Las campanas desbordan sus doce vinos. Luna en los
tejados. Brisa en las ramas deshojantes. La pedrería
de los ojos del gato se abrillanta. Espera…
La bruja de la escoba, andrajosa y hambrienta no ha
de venir ahora; se durmió de cansancio en el campana-
rio del pueblo.
La desesperación en el lomo del gato forma un arco
y lanza la felcha de un maullido. Un signo lúgubre
se alarga en el silencio.
Gato negro, embriagado de luna. Gato negro, bohemio
de los tejados; eco del infierno, silueta de un pe-
cado. Gato negro: seda, sombra y pedrería.

Poema gato negro de Emma Posada

 

 

H

ola, mi nombre es Lola y hoy me toca a mi contaros esta historia. Muchos os preguntareis por el extraño título de este artículo, otros os asombrareis al pensar que existe una raza de gatos que no conocíais, y otros pocos pensareis que, ¿Quién es Lilith?

Nosotros los gatos negros hemos sido unos de los felinos más enigmáticos de todos los tiempos. Se  nos ha amado, después odiado y vuelto a querer. Todo ello ha dependido de la época en la que se encontrará el hombre.

No obstante, siempre hemos tenido ese pequeño toque de misterio ligado a lo oculto. De hecho mi madre humana (y por favor que no salga de nosotros), adora achucharme cuando tiene un mal día. Dice que le doy suerte. ¡Vaya tonteria!

Hécate

Diosa Giega Hécate

Para situaros en ambiente, sobre quien eran los gatos pyewackett, tengo que contaros un poco de historia y comenzar cuando la civilización egipcia finalmente sucumbió a las legiones romanas en el año 58 a.C. Los dioses de los egipcios se desvanecieron, aunque más tarde algunos reaparecieron bajo otras formas. Por ejemplo, Pasht (diosa egipcia de la Luna) se identificó con Diana, la diosa romana que muchas veces se manifestaba como Hécate, un ser que dominaba la magia negra en el inframundo. Se creía que Hécate podía convertirse en gato negro para salir del mundo de los muertos a incursionar entre los seres humanos. De repente, los gatos negros, adorados por los egipcios, se convirtieron en animales a los que había que temer.

Durante la caótica situación que siguió a la caída del Imperio Romano, los europeos fueron identificando gradualmente a los gatos con Satanás. Y ya metidos de lleno en el artículo, vamos a dar un salto de quinientos años para llevaros de la mano al siglo XV, en plena época medieval. Allí como ya os conté en mi anterior artículo El gato, la peste negra y su extinción en la Edad Media , los gatos y en especial los negros, sufrimos una extrema persecución por parte de la Santa Inquisición y, para diferenciarnos cuando convivíamos con una “supuesta” bruja, comenzaron a llamarnos por el nombre de “Pyewackett”.

Matthew Hopkins (1620 – 1647) abogado y clérigo puritano cuya actividad se desarrolló principalmente en tiempos de la Guerra Civil Inglesa practicando la caza de brujas en los condados de Suffolk y Essex, en Eaast Anglia, afirmaba que la palabra “Pyewackett” carecia de significado, por lo que indiscutiblemente había sido inventada por el diablo. Según su libro “The Discovery of Witches”, comenzó su carrera como cazador de brujas cuando escuchó a varias mujeres hablar de sus encuentros con el Diablo en marzo de 1644, en Manningtree, una aldea próxima a Colchester. Como resultado de las acusaciones de Hopkins fueron ahorcadas diecinueve brujas, y cuatro más murieron en prisión acompañadas de sus gatos, los cuales eran condenados como si fueran también humanos.

Gato negroPara los profanos en el mundo de lo oculto, de los gatos negros se decía que éramos la reencarnación de demonios menores que prestábamos ayuda a las brujas en muchos de sus rituales mágicos. La persecución de gatos se generalizó de manera sistemáticamente en todas partes.

En muchos festivales europeos, tales como la Pascua y la Cuaresma, se practicaban sacrificios rituales de gatos. De echo durante siglos, en París se celebró un festival en el que se encendían hogueras alimentadas de jaulas llenas de gatos.

Ya en 1602 se creía que para curar cualquier enfermedad causada por una bruja a un niño, se debía quemar el corazón de un gato negro y colocarlo junto al niño durante siete días a la hora de dormir. También se creía que la cabeza de un gato negro que no tuviera ninguna mancha de otro color, reducida a cenizas, curaba la ceguera.

Supersticiones, todas ellas, que en aquellos tiempos se hicieron doctrina, siendo su procedencia tan antigua que tenemos que remontarnos hasta la misma creación del mundo para explicaros quien era Lilith, y porque se la vincula a los gatos, en especial a los pyewackett.

lilith photo

Lilith

La historia de Lilith; es una tradición popular muy difundida a través de canales que, partiendo probablemente de un mismo origen mesopotámico, no volvieron a cruzarse. Su nombre parece derivar de Lilitu, que en acadio, la lengua del primitivo Summer, significó en sentido amplio, viento, aliento o espíritu.

Difundida en todo el cercano oriente,  aparece en los mitos religiosos y folclores de judíos, musulmanes de Palestina y también entre las creencias vulgares de los primitivos cristianos coptos de Egipto y Etiopía, así como los mazdeístas de la antigua Persia.

La mayoría de los textos en que Lilith figura son posteriores al siglo V, como es el caso del Génesis Rabbá (colección de comentarios talmúdicos que tendría gran influencia en los cabalistas europeos). En los textos sagrados cristianos solo se nombra en un oscuro párrafo de Isaías (34:14), e incluso se la llega a vincular como reina de los vampiros. Sin embargo, el boca a boca mantuvo vivo el mito también en el oeste, mezclando a nuestra heroína con figuras similares de una decena de mitologías, algunas tan al poniente como la germana, la vasca y la astur, pueblos a los que Lilith llegó incluso antes que algunos escritos antiguos como la Biblia o  el Alfabeto de Ben Sirar (antiguas leyendas rabínicas).

En dichos relatos hablan de que Lilith, y no Eva, fue la primera mujer creada por Dios; y no a partir de un pedazo de Adán, sino del mismo polvo. Como sea, la primera mujer escapó del Edén (por propia voluntad, no como algunos que esperaron hasta ser echados) volando sobre sus muros en forma de lechuza, para ir a morar al Mar Rojo, una región infestada de fantasmas y demonios donde supuestamente se cruzó con el arcángel Samael (El príncipe de las Tinieblas). Dicen que de la unión de ambos, comenzaron a nacer súcubos y otra serie de demonios, que con el paso de los siglos acabaron convirtiendo al gato Pyewackett en su supuesta morada física.

De echo, una de las supersticiones que han llegado a vuestra actualidad, es la de no permitir que los gatos duerman con niños pequeños, la cual procede directamente del relato de Lilith.

Como véis, el origen de que los gatos negros tengan tan mala fama nos viene de muy muy antiguo y, a lo largo de la historia, se ha ido transformando parejo a la cultura humana del momento. Alrededor del siglo XVIII las mentalidades europeas comenzaron a evolucionar, sin lugar a dudas, por la importación de Oriente de los gatos de Angora y los Persas, de los que hablaremos en otra ocasión.

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Gato de Angora

Y ya por fin, en 1765, se funda la primera escuela veterinaria en Europa, lo cual señala el fin de varios siglos de oscurantismo en los que los gatos negros fueron despreciados. Hoy en día aun quedan muchas supersticiones arraigadas en vosotros los humanos, pero no dejan de ser solo supersticiones sin fundamento.

Un estudio de científicos del Long Island College Hospital de Nueva York (EE UU) reveló hace poco que estos felinos sí pueden afectar negativamente a las personas alérgicas. Dado a conocer en la revista Annals of Allergy, Asthma and Inmunology, los investigadores observaron que los gatos de pelaje oscuro, provocaban más estornudos y problemas respiratorios a los humanos con alergia, que los de color claro. Según los autores, se debe a que producen más cantidad de una sustancia en su piel, su saliva y sus glándulas sebáceas, la proteína fel d1, responsable de los síntomas de la alergia.

Todo ello muy lejos de una superstición…

 

 

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