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a primera evidencia arqueológica de la coexistencia de gatos y humanos se ha encontrado en Chipre, según un estudio publicado recientemente en la revista PNAS. Los gatos, como los perros, se domesticaron hace unos 10.000 años, coincidiendo con el neolítico y la agricultura.

Liderado por científicos estadounidenses y con participación del Laboratorio de Genómica Comparada de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), un estudio analiza el genoma del gato doméstico (Felis silvestriscatus), que posee alrededor de unos 20.000 genes, y ha permitido observar las diferencias en términos biológicos, evolutivos y de comportamiento, en comparación con el genoma de otros organismos como el gato montés, el tigre, el perro, la vaca y el humano.

Las conclusiones del trabajo, liderado por Tomás Marqués-Bonet, investigador ICREA del departamento de Ciencias Experimentales y de la Salud (CEXS) de la UPF, identifican 281 genes con mutaciones exclusivas del gato doméstico y han sido publicadas recientemente en la revista PNAS.

Los gatos salvajes del Paleolítico han evolucionado hacia los actuales gatos domésticos gracias a cambios genéticos que les hicieron ser más dóciles para obtener alimento, con muy buena memoria y más asustadizos (aunque de esta última característica todavía no se sabe exactamente la causa). Los científicos no encuentran una buena explicación de por qué son más ariscos, “quizá sea por prudencia o debido al azar”

En el análisis comparativo se “han seleccionado una colección de genes que tienen que ver con los mecanismos de recompensa”, explica Marqués-Bonet, coautor del trabajo. Y, como ha añadido, “esto se explica porque los gatos han aprendido a hacer bondad a cambio de comida”. Aunque los científicos no encuentran una buena explicación de por qué son más ariscos, “quizá sea por prudencia o debido al azar”, sostiene.

Además, los investigadores han podido observar en su genoma evidencias de la buena memoria de los gatos domésticos y de su excelente oído y visión. Esto concuerda con el hecho de que los felinos son animales territoriales que deben reconocer bastas extensiones de terreno en el que, para sobrevivir, deben sorprender a sus presas. De ahí las ventajas de cogerlas por sorpresa incluso en la oscuridad.

El estudio de la rápida evolución que han experimentado los animales domésticos, como los gatos y los perros, sirve para seleccionar los genes responsables de estos cambios y en qué rasgos intervienen. Ayuda a “interpretar los genomas”, indica Marqués-Bonet, y esto ayuda al mismo tiempo a “comprender mejor nuestro genoma”, concluye.

Fuente: UPF

 

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